Un lector de Cinefania -la web dedicada al cine en general y donde se aloja Terror Universal-, nos escribió un email donde relataba sus intensos deseos de ser vampiro.
Es innegable el halo de romanticismo que ha acompañado siempre a la figura del vampiro: ese ser de la noche abocado a vaganbudear buscando jóvenes cuerpos que le ofrezcan la sangre necesaria para seguir viviendo. La sangre como ese maná diabólico que les dará la vida eterna. Vida -no olvidemos- triste, porque nunca encuentran el descanso, el alivio a su maldición.
Cómo seria bueno ser vampiro, porque yo quiero ser vampiro y me gustaría ser vampiro, pero de verdad: chupar sangre y tener colnollo de verdad. Le escribo esta carta o correo porque me gustaría ser vampiro.
Les saluda atentamente,
Pedro Muñoz
Respuesta del director Darío Lavia: Usted ha visto muchas películas, Pedro. Ya que los auténticos vampiros no chupan sangre, sino que "tienen la censurable costumbre de devorar a los muertos".
Tampoco sabía nuestro lector que los vampiros no muerden en el cuello, sino en la zona del esternón, justo al lado del corazón. Ahí es donde muerden los verdaderos vampiros; lo demás es invención de la cinematografía.
Sí, qué romántico es que una joven vampira visite sus aposentos una noche de luna llena y le invite a compartir la vida eterna. Qué romántico que Bela Lugosi me invitara a subir a su carromato de época y me llevara a su castillo de los Cárpatos. Darío conoce mis deseos más oscuros y aunque él tenga conexión directa con Bela, ha hecho caso omiso a mis peticiones. Mientras tanto, sé que le ha puesto velas a San Bela para el día de la defensa de mi Tesis Doctoral.
El de los vampiros es un tema muy interesante. Querer ser vampiro es querer estar muerto casi todo el día, excepto cuando chupas un poco de sangre y revives. Visto así, hay muchos vampiros sueltos por ahí. En la política, en la literatura...
Uns saludo. Siempre tocas temas atractivos.
Amado.