Todos los semáforos se ponen en rojo y me cierran el paso. La lluvia golpea fuertemente el cristal de mi coche y el sonido monótono de los limpiaparabrisas acompañan, cual percusión, la canción que suena en estos momentos. Ismael Serrano canta "ahora que quedan tan lejos las playas de Corfú,las estaciones de trenes de Praga, Hamburgo o Estambul,los viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos,la luz de una cafetería, los amores conversos"...
Yo también estuve en esa estación de Praga. He paseado por playas que para mí han sido islas preciosas. Lorca dijo en un poema algo tan duro como bello: "el cielo tiene playas donde evitar la vida". El cielo de esta ciudad se vuelve gris. Pronto anocherá.
El semáforo se pone en verde. Percibo que alguien, en el coche de al lado, hace aspavientos con las manos. Miro a mi izquierda y veo a un desconocido que me sonríe y me saluda. Levanto el pie del freno, aprieto el acelerador y sigo el norte que me marcan la noche y la carretera.